sábado, 25 de noviembre de 2017

LAS HELENAS MODERNAS

LAS HELENAS MODERNAS


Históricamente el nombre HELENA nos remonta a ese mítico suceso que Homero vislumbro en sus majestuosos poemas épicos, grandes batallas del mundo antiguo; ¿Recuerdan?, Si me refiero a la Ilíada.  Pero exactamente no hablare lo que ya se ha dicho sobre este gran suceso.

Dicen que un todo está compuesto de partes, y a eso refiere este ensayo, en particular a Helena, una pieza fundamental para el desarrollo de esa historia. Se le conocía como hija de Tyndaro, rey de Esparta y Leda; Ella, poseedora de gran belleza y encantos desde edades tempranas, hecho que justificaba sus numerosos pretendientes, príncipes griegos deseosos de poseerla y esposarla. Su belleza fue otorgada por su verdadero padre, el poderoso Zeus, quien doto de aquellos atributos por los cuales príncipes y reyes la admiraban desbordadamente.

En resumidas cuentas, Helena, fue raptada por Teseo antes de estar en edad lista para ser esposada, fue su hermano quien fue al rescate en Atenas, del cual no salió bien librado; al volver a Esparta su padre -el terrenal- enfurecido por los hechos vividos y lo que ello significaba, fue visitado por un numero de simpatizantes que deseoso contraer nupcias con su hija vieron la oportunidad de ocupar el lugar como sucesor de la corona en Esparta.

El epicentro de reunión de los príncipes fue Esparta, quienes por consenso Menelao tuvo el fortunio de desposar a Helena, y así fue. Por otro lado en Troya también se sucumbió frente a novedades e imprevistos de una profecía que estaba por cumplirse, Paris hijo de Príamo Rey De Troya, llego a Esparta en son de paz como mensajero de su padre, este fue recibido y atendido; dentro de su estancia hay un suceso que determina el curso de esa y esta historia, Paris conoce a Helena, unos dicen que fue raptada por este desencadenando la furia de Melenao y de quienes juraron protegerlos- el combo de los griegos- por lo cual se desato la guerra por más de 10 años y llevo consigo a la destrucción de Troya.

Pues bien, tened en cuenta el curso de la historia y la temporalidad de los hechos, Helena como símbolo de la mujer no es más que un objeto de admirar y de poseer, un trofeo para los hombres que reafirma su masculinidad objetivizandola y reafirmando su poder otorgándole el valor de objeto con propiedad.

Pero hay algo que no me es del todo claro y me genera curiosidad, hay varios hitos que debo mencionar, el primero de ellos la belleza física de Helena, el anhelo de los hombres por poseerla, el hecho de ser raptada y rescatada en su juventud, un casamiento a conveniencia y por último el encuentro con un extraño, que según lo profeso afrodita diosa del amor se daría, y es por esta razón que estoy más que segura que Helena vivió lo que le llamo el efecto Cortazar[1], aquel que arraso con todo lo que ya estaba planeado, un huracán de sensaciones y emociones que la llevaron a tomar la decisión más importante para ella como mujer, seguir con la tradición y lo pactado: sumisa y obediente, o valientemente: escapar y vivir una aventura auspiciada por aquello que afrodita desencadeno entre los dos.

Por esta razón la idea de que Helena se haya ido contra su voluntad no me convence, pienso que la historia puede tener otra perspectiva, aquella en que esa muy inmortalizada en belleza, la misma que la hacía vulnerable a los caprichos de los mortales, decidió por cuenta propia tomar las riendas de su vida y huir -con aquel que llego a su vida en ese justo momento - zarpando a través Egeo hacia tierras lejanas; Romántico, cierto?, creo que si y suspiro de solo imaginarlo, pero el romanticismo y el amor aun auspiciado por dioses no fue suficiente para que vivieran felices y comieran perdices. Menelao y los griegos se alzaron en armas persiguiendo y buscando lo que por “derecho” constituía su “propiedad” – más bien su orgullo y otros intereses- motivaron a perseguir obstinadamente a como diera lugar el regreso de Helena. Troya defendió a Helena incansablemente, muertes incontables por 10 años, y solo el engaño fue el comodín para que los espartanos dieran por hecho su prometido y así fue; todos conocen esa historia.

Pues bien esa narración la traigo a colación a nuestro presente en el que usted y yo vivimos, para descabelladamente conocer que no en Troya,  si no aquí, no más en nuestra ciudad, en nuestro país y hasta en otros lugares en nuestro planeta, miles de mujeres ha decidido compartir su vida con parejas, luego el tiempo, -mentiras! cronos no tiene  responsabilidad alguna-, más bien la fuerza interna de supervivencia las lleva a cortar esa relación y en el intento de tomar esa decisión por los motivos que sean, estas mujeres se vuelven objeto de violencia, de persecución, de hostigamiento de agresión física y psicológica que trasgreden la libertad de decisión perturbando significativamente su existencia al punto de encontrarse cara a cara con hades si el dios de la muerte. Un reporte de medicina legal da a conocer las cifras por tres años de homicidios a mujeres de las cuales la pareja o expareja ocupan el segundo lugar de aquella lista: en el 2014 fueron 90, en el 2015 81, y en las 2016: 128, mujeres mueren por estos personajes que representan cada uno de esos griegos que se unieron a batallar por traer de vuelta aquello “que les pertenece”. En el 2017 al mes de abril hay un reporte: 204 mujeres asesinadas, de las cuales 24 han sido víctimas de sus compañeros sentimentales o exparejas.

Pero aquí no termina todo; la sociedad hoy un poco más conocedora del tema ha creado desde el estado políticas públicas de protección -una Troya-  a través de una justicia con murallas “impenetrables” y ejércitos “de papeles”  que distan de proteger la integridad de la mujer, ahora no hay lanzas, hay palabras escritas en documentos que prohíben que aquellos hombres como los griegos lleguen a ella, pero la justicia confía como confiaron los troyanos en la “paz” de Agamenon, sin saber que nada más encantador que el engaño para cometer la mayor barbarie de los tiempos antiguos y porque no, de los modernos: la muerte del objeto de deseo.


J.A. Morera Arango






[1] Aquel que el autor describe en su libro Rayuela capítulo 93 refiriendo que: “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio…Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto., “el amor no se elige, te elige…”.

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